Crónica del concierto de Plushgun, Barcelona 25 Marzo
El pasado miércoles 25 tuvo lugar en la mítica sala Sidecar, y en pleno corazón de Barcelona, el concierto de los neoyorkinos Plushgun. Tras saltar de myspace a la MTV en un lapso de tiempo no muy amplio, había curiosidad por ver cómo defendían su recién editado disco "Pins and Panzers", publicado via Tommy Boy, sobre el escenario. Y parece que Dan Ingala, cabeza pensante y cantante de la banda, sabe aplicarse bien el cuento de aquello de que "si sonríes, es mejor". Cuando con un primer disco se consigue un resultado tan pulido y redondo, del cual apenas pueden sacarse faltas, a veces da algo de miedo enfrentarse a su puesta en escena, por temor a que pierda el encanto. Y es ahí donde entra en juego la habilidad demostrada por el neoyorkino y sus acompañantes (Matt Bogdanow a la batería y Taylor Armstrong a la guitarra) que, pese a algún problema de sonido (la voz sonaba algo por debajo del resto de instrumentos), supieron ganarse a todos los presentes con una arrolladora y sorprendente energía y un positivismo que en el disco no quedan, en absoluto, tan latentes. Abrieron el concierto con aquello de 'This train it goes this way, tonight we can't go back' que no es otra cosa que el comienzo de 'Dancing in a minefield' (primer corte del disco y, sin duda, una de las mejores piezas). Como si un leve y continuo latido fuese creciendo desde el centro del estómago hasta hacer que todo el cuerpo se mueva al compás de ese goteo incesante de ritmo, desgranaron casi al completo "Pins and Panzers", omitiendo únicamente 'Let me kiss you now (and I'll fade away)', por desviarse bastante de la dinámica rítmica del resto de pistas. A cambio, incluyeron en el set list 'Maybe tomorrow'. Después vaciar todo su repertorio sobre el escenario empezando, como acabamos de detallar, con 'Dancing in a minefield', seguida de 'How we roll' y 'A crush to pass the time' (rompepistas donde los haya), los pies del público ya habían entrado en calor para seguir en marcha durante los aproximadamente 60 minutos que duró el concierto.
Tras ponerle el broche final a la primera parte del show con '14 candles' y 'Without a light' (con las que dieron rienda suelta a todo el ruidismo que, parece, evitan en el LP), obsequiaron al público con un único bis que, sorprendentemente, no fue otro que el tema que les ha propulsado hasta un cierto grado de fama: el ultrabailable 'Just impolite'. Esto no sería nada destacable de no ser porque ya había sonado como séptimo corte, entre la preciosa 'An aria' y 'Union pool', pero como ellos mismos se excusaron, no tenían más repertorio. Y aún así, la gente volvió a bailar. Con más ímpetu, si cabe. Hablaron algo, saltaron mucho, y se divirtieron aún más. Hasta repartieron entre los allí presentes unas varitas luminosas que no hicieron otra cosa que reavivar todavía más lo que era una auténtica fiesta. No siempre hacen falta dos horas de concierto, ni grandes escenarios, para demostrar la grandeza de una banda. Lo que cuenta es lo bien que te lo hagan pasar. Si todos los grupos subiesen a un escenario con las mismas ganas y la misma humildad que los chicos de Plushgun, el mundo no cambiaría mucho, pero seguro que muchos lo pasaríamos mejor.
















