
Aleix –Indiespot
El pasado miércoles 25 tuvo lugar en la mítica sala Sidecar, y en pleno corazón de Barcelona, el concierto de los neoyorkinos Plushgun. Tras saltar de myspace a la MTV en un lapso de tiempo no muy amplio, había curiosidad por ver cómo defendían su recién editado disco "Pins and Panzers", publicado via Tommy Boy, sobre el escenario. Y parece que Dan Ingala, cabeza pensante y cantante de la banda, sabe aplicarse bien el cuento de aquello de que "si sonríes, es mejor". Cuando con un primer disco se consigue un resultado tan pulido y redondo, del cual apenas pueden sacarse faltas, a veces da algo de miedo enfrentarse a su puesta en escena, por temor a que pierda el encanto. Y es ahí donde entra en juego la habilidad demostrada por el neoyorkino y sus acompañantes (Matt Bogdanow a la batería y Taylor Armstrong a la guitarra) que, pese a algún problema de sonido (la voz sonaba algo por debajo del resto de instrumentos), supieron ganarse a todos los presentes con una arrolladora y sorprendente energía y un positivismo que en el disco no quedan, en absoluto, tan latentes. Abrieron el concierto con aquello de 'This train it goes this way, tonight we can't go back' que no es otra cosa que el comienzo de 'Dancing in a minefield' (primer corte del disco y, sin duda, una de las mejores piezas). Como si un leve y continuo latido fuese creciendo desde el centro del estómago hasta hacer que todo el cuerpo se mueva al compás de ese goteo incesante de ritmo, desgranaron casi al completo "Pins and Panzers", omitiendo únicamente 'Let me kiss you now (and I'll fade away)', por desviarse bastante de la dinámica rítmica del resto de pistas. A cambio, incluyeron en el set list 'Maybe tomorrow'. Después vaciar todo su repertorio sobre el escenario empezando, como acabamos de detallar, con 'Dancing in a minefield', seguida de 'How we roll' y 'A crush to pass the time' (rompepistas donde los haya), los pies del público ya habían entrado en calor para seguir en marcha durante los aproximadamente 60 minutos que duró el concierto.
Tras ponerle el broche final a la primera parte del show con '14 candles' y 'Without a light' (con las que dieron rienda suelta a todo el ruidismo que, parece, evitan en el LP), obsequiaron al público con un único bis que, sorprendentemente, no fue otro que el tema que les ha propulsado hasta un cierto grado de fama: el ultrabailable 'Just impolite'. Esto no sería nada destacable de no ser porque ya había sonado como séptimo corte, entre la preciosa 'An aria' y 'Union pool', pero como ellos mismos se excusaron, no tenían más repertorio. Y aún así, la gente volvió a bailar. Con más ímpetu, si cabe. Hablaron algo, saltaron mucho, y se divirtieron aún más. Hasta repartieron entre los allí presentes unas varitas luminosas que no hicieron otra cosa que reavivar todavía más lo que era una auténtica fiesta. No siempre hacen falta dos horas de concierto, ni grandes escenarios, para demostrar la grandeza de una banda. Lo que cuenta es lo bien que te lo hagan pasar. Si todos los grupos subiesen a un escenario con las mismas ganas y la misma humildad que los chicos de Plushgun, el mundo no cambiaría mucho, pero seguro que muchos lo pasaríamos mejor.
Puede que el ambiente que rodeó el concierto de Plushgun el pasado sábado en Madrid no fuera el deseado, debido al gran número de hinchas de fútbol en las inmediaciones de la sala, pero Dan Ingala y los suyos consiguieron en poco más de 50 minutos meterse a todo el público que le esperaba en la sala Moby Dick, en el bolsillo. Y eso que todos aquellos que esperaban un concierto íntimo de indietrónica de corte sentimental, se equivocaron de sitio de principio a fin, aunque poco les importó. Acompañado sólo por su inseparable teclado, un guitarrista hiperactivo y un batería, Ingala se atrevió a convertir los primeros momentos del concierto en una fiesta cuando, sin ningún tipo de complejo, abrió el show con dos de sus temas más conocidos, 'Dancing in a Minefield' y 'How We Roll'. Acababa de empezar una fiesta donde Ingala se mostró como un perfecto anfitrión. Lanzó glowsticks para ambientar una sala de lo más caldeada con striptease incluido, desvelando que bajo de su camisa y corbata llevaba una camiseta del Villa, en honor al partido al que muchos habían tenido que pasar de ir para poder asistir al concierto. Bailando sin parar y bajando a mezclarse con el público (cosa que últimamente se está poniendo muy de moda), Plushgun recorrieron todo 'Pins & Panzers' (Tommy Boy, 09) dotándole de un sonido más directo y chispeante. Algo más de media hora después de haber comenzado la fiesta, Plushgun se despidieron para volver, ukelele en mano, con una entrañable 'Let Me Kiss You Now (And I'll Fade Away)' y preguntar al público con qué canción esperaban dar por finalizado el concierto. Ante el entusiasmo de todo el mundo, cerraron repitiendo 'Dancing in a Minefield' y 'Just Impolite', en las que contaron con la colaboración de parte de los fans que se subieron a culminar un concierto que se convirtió en una reunión de amigos y que demostró, una vez más, que con poco se puede lograr mucho. D. González – Spinner
Plushgun actuaron en Barcelona el miércoles y el viernes y el sábado en Madrid. El show al que asistimos fue el del viernes en el Café La Palma, que al principio no estaba muy lleno, pero al final sí. El trío de Nueva York certificó en su directo que está más cerca del sonido rockero de algunos de los grupos de los 90 tipo Placebo que de propuestas más indietrónicas y finas como The Postal Service o Lali Puna. El cantante hizo alarde de unos curiosos pasos de baile acompañados de saltitos; el guitarrista, todo de negro, no paró de mover su melena y el batería no se quitó las gafas de sol en todo el concierto. Prevalecieron las guitarras durante todo el show, sin que los sintetizadores dejaran de percibirse y el sonido fue bastante perfecto. Los asistentes recibieron como auténticos hits 'Dancing In A Minefield' y sobre todo 'Just Impolite', que sonó a mitad del concierto y volvió a sonar en el segundo bis. Ellos tiraron palitroques luminosos que la gente agitó moderadamente y, cuando el cantante se dispuso a protagonizar un momento acústico en el primer bis, el público cantó 'Clavelitos'. Gran interacción entre la gente y una banda que se mostró eufórica y de todo menos contenida. Supervago – Jenesaispop|
Tenía enormes dudas sobre el directo de Plushgun, y de su hacer a la hora de plasmar con banda las estupendísimas canciones de su Pins & Panzers. Y sólo hicieron falta un par de minutos para que aquellas dudas volaran, con el inicio ascendente de Dancing in a Minefield. La banda de Dan Igala se presentaba en formato trío, con guitarrista emo y prodigioso batería, dotando a las canciones de un sonido más sucio y rockero que en el disco. Comenzaba el concierto con 3 trallazos de la talla de Dancing in a Minefield, How we roll y A Cruss to Pass the Time, lo que fue suficiente para poner la salita del Café La Palma patas arriba. Pirulos de neón y la contagiosa manera de bailar de los miembros del grupo bastaron para crear un ambiente familiar y de conexión total entre público y músicos. Así canciones como Union Pool, An Aria o la traca final con Just Impolite y las enlazadas 14 Candles y Without a Light fueron una fiesta por todo lo alto, con el grupo dándolo todo y bailando entre los asistentes. Apareció Dan ukelele en mano para deleitar con el bis más acústico Let Me Kiss You and I'll Fade Away lo que dejó con ganas de más baile a la muchachada, por lo que el grupo se vio obligado a aparecer por segunda vez, dándonos el gustazo de una segunda tanda de Just Impolite, con la consiguiente ovación y salida a hombros de los de Brooklyn en su primera visita a nuestro país, y probablemente última oportunidad de verles en una sala con aforo para 100 personas. The Jau One |
















